2015 02-17 carnavales

Comparsas muestran lo mejor de su baile.

fiesta que se realiza en el mes de febrero

Los Orígenes de los carnavales

José María Vásquez Gonzales
Historiador-UNSCH

El carnaval es una fiesta que se realiza en el mes de febrero, durante los tres días que preceden al miércoles de ceniza, día en el los católicos inician un período de ayuno que consiste, principalmente, en abstenerse de comer carne.

La palabra carnaval tiene su origen en el italiano carnevale, proveniente, a su vez, del italiano antiguo carnelevare, y éste del latín medieval carnelevamen, formando del sustantivo caro, carnis, y el verbo levare: “levantar”, “quitar”. Este término del latín medieval literalmente significa “carnes que han de ser quitadas”; esta palabra es utilizada por los católicos quienes deben abstenerse de comer carne. Por lo tanto, la palabra carnaval se tomaría del concepto cristiano (validez de la carne ante la Cuaresma) de la fiesta. Así es como se forman dos grupos: el de las Carnestolendas, tiempo de privación de carne y obligación de ayuno; y el de Entroido (entrada) como tiempo previo a la Cuaresma y por lo tanto de permitido consumo carnal.

Carnetolendas fue una palabra usada por los mozárabes y castellanos en el siglo XIII. En Cataluña la palabra derivó en Carnestoltes. Posteriormente en el siglo XIV se usa el término “carnal” para designar a estas celebraciones, derivando a lo largo del siglo XVI hacia el término carnaval de clara procedencia italiana “carnevale” que a su vez proviene de “carnevalere (quitar la carne).

En las ciudades italianas, en la época del Carnaval, salían en los siglos XIV y XV muchos carros navales, es decir, carrozas que representaban barcos. Así se revivía el carnaval que fue una especie de reconstrucción del paganismo, que escandalizaba a los hombres piadosos. En realidad, ya hace más de 150 años que la etimología de Carnaval a base de carrus navalis, empieza a estar en descrédito, y la palabra se estudia en función de la idea cristiana de la llegada del ayuno y de la entrada de la Cuaresma, y así viene a formar un grupo con las que expresan lo mismo, a saber: las del tipo de “CARNESTOLENDAS”1.

La fuerza expresiva del vocablo de origen italiano, que es el que se ha puesto más en uso en los siglos XIX y XX, ha hecho que la palabra “Carnestolendas”, siga conservándose durante el nuevo siglo XXI en todo el Perú y sobre todo en Ayacucho donde cada año se celebra los carnavales huamanguinos.

Todos Disfrazados
A partir del siglo XIV, en todas las ciudades de Europa alcanzan una especial difusión, además de los ya tradicionales bailes, las justas y los torneos entre caballeros, en los que participan principalmente los miembros de la aristocracia y de la élite ciudadana. En el caso de las principales familias, con frecuencia se realizaban celebraciones de este tipo en la propia casa del señor, probablemente ligadas al cambio de condición, sobre todo a matrimonios-el carnaval fue, generalmente, uno de los períodos del año preferidos para casarse, sobre todo por su indudable conexión con la propiciaron de la fertilidad.

Mujeres en hábitos de hombres
Entre las máscaras que más gustaron estuvieron “las mujeres de la mancebía en hábitos de hombres en una danza a pie, bailando con panderos; una cuadrilla de inocentes con las mismas ropa de los locos de Casa de Nuncio y su bacín pidiendo como ellos andan; un cortejo carnavalesco con Santiago armado; el juego de los naranjazos; Lutero caballero en una bestia vestido como ánima en cueros, con muchos diablos alrededor que le iban dando de hachazos y tizonados; y especialmente la “boda de aldea; a pie con su tamboril y con el virgo de la novia que era una sábana ensangrentada en un gran plato, y bailaron delante del Sr. Arzobispo, de que él se halagó mucho, y el alcalde llamaba al escribano para que diese testimonio del virgo”.

Las mil caras de la fiesta carnavalescas
En la actualidad, el carnaval posee una serie de imágenes bastante precisas, e igualmente puntuales son las características que la antropología cultural y la historia del folclore han considerado propias de este periodo; la “inversión” ritual de las jerarquías sociales, gracias a la cual los pobres o los locos visiten las ropas de los señores y se permiten ridiculizarlos con bromas a menudo pesadas. En resumidas cuentas, un periodo donde todo es lícito y que, en estos términos, ha entrado en nuestra imaginería incluso por medio de célebres representaciones de algunos cuadros.

Pero en realidad, lo que la historia nos trasmite es que, más allá de los pocos tratados ligados al consumo de alimentos o al uso de la máscara, el carnaval era una especie de contenedor en el que se agrupaban numerosas formas de espectáculos y de representaciones, diferentes de unas ciudades a otras y en las que no siempre era claramente reconocible su naturaleza “carnavalesca”.

El Testamento del asno
Pero Carnaval, antes de morir, hace testamento, como hacían, antes que él, las figuras análogas del asno o del cerdo, que eran llevadas en procesión. Es justamente en una de estas redacciones del testamento hacia 1470, donde aparece un legado de especial interés. El animal ofrece las diferentes partes de su cuerpo a los asistentes, especificando. Su “dulzaina” estaba destinada a los sopladores rituales, que se ocupaban en reponer la diminuta reserva del alma en el mundo.

Puesto que las almas, no lo olvidamos, son muy pocas, tal y como señalan los mitos y los rituales de todos los pueblos que viven de la caza, de la pesca o d la cría de animales, los huesos, el cráneo y, a veces, también la piel de los animales deben ser conservados, en espera de un alma, de un soplo vital, que logre revitalizarlos.
Entre los testamentos de las máscaras-animales, ya en el siglo VII aparece en los escritos de San Jerónimo (340-420), el testamento del puerco, entonando entre bromas y chistes por jóvenes escolares. Pero el cerdo y el asno no son los únicos animales que reinaron en este tipo de fiestas. Existe un carnívoro que, desde el Medievo hasta la actualidad, parece haber tenido un papel destacado en los ritos de carnaval y en la circulación de los vientos de los que venimos hablando: el oso.
Finalmente, podemos decir que el carnaval es grotesco, pero que en se encuentra la diversión, los excesos y los desenfrenos de la clase subalterna o popular, durante estos tres días, son ellos los dueños de esta divertida fiesta carnestolendas. Aquí se notara que la risa es la atracción del festín, como dice Rabalies el hombre es el único ser viviente que ríe; la risa estaba considerada como un privilegio espiritual supremo del hombre. La risa, don divino ofrecido únicamente al hombre, forma parte de su poder sobre la tierra, junto con la razón y el espíritu.
El carnaval es la segunda vida del pueblo, basada en el principio de la risa. Es su vida festiva. La fiesta es el rasgo fundamental de todas las formas de ritos y espectáculos cómicos.

El Carnaval en el Perú
A América, esta fiesta llegó de mano de los conquistadores españoles. Según el historiador Ángel López Cantos se celebró incluso en plena conquista de México, un hecho que no es sorprendente considerando que el grupo de los conquistadores era gente de condición popular que reprodujo y difundió rápidamente los hábitos y diversiones europeos: desde los naipes y los dados hasta el ajedrez, las peleas de gallos y las corridas de toros.
Ahora bien, ¿cuándo se comenzó a celebrar el carnaval en Lima? Sabemos que ya en 1544 se celebraba en la capital la fiesta del domingo de Cuasimodo2. Está era una fiesta carnalesca-en la que los negros salían pintados y con máscaras de diablos para realizar danzas frenéticas y representaciones coloridas-, que tenía lugar al término de la Cuaresma y cerraba el ciclo del carnaval. Ya en el siglo XVII el carnaval era una fiesta muy popular, asimilada por negros, indios y mestizos. En febrero de 1630 a las 12, día de carnestolendas, por la tarde hubo mucha carrera por las calles principales de esta ciudad. El hecho es que con el tiempo, el juego con agua y harina, las mojigangas, los papahuevos, los gigantes, los disfraces, las escenificaciones, los carros alegóricos, las danzas, los bailes, el vino, el licor y los banquetes hicieron del carnaval una fiesta nacional. El 31 de enero de 1743 se publicaron avisos que prohibían, bajo pena de ex comunión, remedar los trajes eclesiásticos en los juegos carnavalescos.

En la colonia, el carnaval era una diversión a la que no se resistían ni los miembros de la nobleza. En la fiesta de 1633, el propio virrey conde de Chinchón parece haberse dejado ganar por el frenasí de esta fiesta, en esa ocasión hubo jugo en Palacio…A pesar de que la nobleza participaba en el carnaval, hubo ciertos sectores que se opusieron a él. En primer lugar, la Iglesia, quien llevaba a cabo durante los días de carnaval la fiesta de la oración de las cuarentas horas, mediante la cual procuraba crear un espacio de refugio para los fieles que optaban por no participar del juego; la idea era entretener al pueblo en estos tres días en ejercicios tan del servicio de Nuestro Señor.

Obviamente, la Iglesia se oponía al carnaval debido a la moral pagana y a la actitud irreverente que dominaban en las imágenes y personajes populares exhibidos en la fiesta. En particular, cuando los disfraces satirizaban a los religiosos. Sin embargo, la Iglesia no era un bloque compacto. Como sucedía en Europa, el bajo clero pudo haber participado de la algarabía del carnaval. Lo interesante en el Perú es que por lo menos un sector de la Iglesia comprendió que la conversión al cristianismo era un proceso lento, y que por lo tanto, era necesario tolerar los elementos paganos que las clases populares llevaban a las celebraciones católicas. Después de todo, lo importante era que participaran en ellas. Se entiende entonces que se permitiera que la procesión del Corpus Christi fuera matizada con bailes, canciones e imágenes propios de la religiosidad de los negros e indios 3.

Entonces, desde estos tiempo hacia adelante el carnaval fue una fiesta tolerada por el gobierno central y lógicamente por las autoridades locales de Huamanga, permitiendo estos juegos; que según ellos, se ganaban a más fieles cristianos, luego de los carnavales; y por otro lado, se lograba-a nivel político-una gran popularidad para una próxima elección política. Durante la época colonial, participaban los diversos gremios de la ciudad, y en muchos casos preparaban la plaza mayor de la ciudad o de las ciudades para el caso de provincias, y lograr que este acta para la celebraciones carnavalescas, aquí los llamados a dicha limpieza eran los indígenas y algunos miembros de dichos gremios; así es que durante la fiesta de carnaval en la plaza mayor todo estaba limpio; por supuesto que luego de terminar dichas fiestas carnavalesca, el lugar quedaba siendo un desastre: demasiada sucia, enlodada por el agua arrojada, calles con abundante basura dejada esos días por los carnavaleros; en fin la fiesta era un gran espectáculo de diversión y de desenfrenos. Posterior a esto era los trabajadores del cabildo quienes limpiaban la ciudad, dejándola limpia para el tránsito de los vecinos notables o transeúntes. Así, el carnaval fue una expresión popular pero que también fue disfrutada por la clase alta del Perú.

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